L
a majestuosidad de Chichén Itzá se reconoce en todo el mundo. La cantidad de turismo internacional que diariamente visita este sitio, es el principal indicador de la gran curiosidad que provocan los vestigios arquitectónicos de la Civilización Maya.
El placer de descubrir Chichén Itzá está en indagar a fondo las nuevas evidencias que los arqueólogos despejan día a día. Plataformas, murallas, caminos (sacbeo´ob, en maya), altares, frisos, estelas, columnas, dinteles, mascarones y esculturas son elementos iconográficos que logran maravillarnos y satisfacer las expectativas del más exigente explorador del mundo prehispánico.
El edificio emblemático de Chichén Itzá, el Castillo de Kukulcán, debe su importancia a su ubicación al centro de la plaza, su altura, las escaleras en los cuatro costados y las cabezas de serpiente que apuntan hacia el Cenote Sagrado, características que demuestran su conexión con el dominio, gobierno y religión de la comunidad de esta legendaria urbe maya. Los últimos hallazgos han sacado a la luz varios edificios ocultos.
A sólo 90 Kms. de la ciudad de Mérida, se ubica el Parque Nacional de Celestún, un escaparate de ejemplares de flora y fauna endémicos. Su nombre significa “Piedra Pintada”.
En Celestún se pueden encontrar extensas playas plagadas de cocoteros. Visita obligada son los manglares de la ría, su importancia deriva de ser un espacio de alimentación y descanso de un elevado número de aves migratorias, así como por ser uno de los dos sitios en México donde anida, se alimenta y reproduce el flamenco rosa.
El cenote Zací, profundo depósito de agua dulce que sivió en el pasado para proveer de este líquido a la población y que ahora funciona como restaurante y alberca natural. Valladolid cuenta con cómodos hoteles y buenos restaurantes para disfrutar de su famosa cocina. por los numerosos vestigios prehispánicos que rodean su centro urbano.
La iglesia de San Gervasio, junto con sus torres, exhibe los cañones que sirvieron para recuperar la ciudad en 1848, entonces en manos de los indios rebeldes que iniciaron la Guerra de Castas.
El convento de San Antonio, en Izamal, fue erigido sobre las ruinas de un antiguo centro ceremonial indígena y dedicado a la Virgen de la Concepción. Este convento posee el mayor atrio cerrado de México, cercano en dimensiones al de San Pablo en Roma. Tiene 75 arcos que forman un corredor impresionante de 7,806 metros cuadrados.