El Fuerte de San Juan de Ulúa fue inaugurado en noviembre de 1984, en uno de los monumentos históricos del siglo XVI.

En un área del inmueble se narra la historia del fuerte y de los ataques de piratería que sufrió el puerto de Veracruz durante el virreinato. La visita al Fuerte permite conocer su arquitectura, mediante un recorrido por sus espacios: celdas, pasillos, calabozos y patios. El acervo se compone de armas de los siglos XVI al XIX, armaduras y un argollón de amarre de navío.

Aquí se unen y fusionan dos culturas: la europea y la americana, dando lugar al mestizaje y a 300 años de dominio español. Originalmente el islote fue un adoratorio totonaca, donde se rendía culto a Tecatlipozca, el dios de las tinieblas.

El 24 de julio de 1518 llega al lugar Juan de Grijalva con una tripulación de 240 hombres y llama a la isla San Juan de Ulúa. Por aquí ingresó la rueda, el caballo, la naranja, el idioma español y la Iglesia Católica y salieron inmensas riquezas en oro, plata y productos alimenticios.

En 1535, el primer Virrey de la Nueva España, Antonio de Mendoza ordena la construcción de la fortaleza, en medio de una isla, en un área de 32,000 metros cuadrados. El cemento que se usó para pegar el coral en la edificación de los muros, fue hecho de concha de ostión, huevos de tortuga, baba de maguey, concha, arena y agua de mar. Todo se mezcló en molcajetes gigantes llamados Noria, consiguiendo la mejor argamaza posible para pegar coral sobre coral. Al inicio de la colonización, el islote servía de abrigo y muelle para los galeones y embarcaciones que llegaban con viajeros y mercadería de España. Por lo que San Juan de Ulúa es el primer puerto de México y una de las primeras aduanas del continente americano. Nadie ni nada salía o entraba sin el permiso de su gobernador.

Lo primero que se construyó en la fortaleza fue el “Muro de las Argollas”. Veracruz se caracteriza por sus vientos fuertes que llegan a 60, 80, 100 y 120 kilómetros por hora. Como las embarcaciones españolas eran frágiles y de madera, durante los temporales chocaban una contra otra destruyéndose. El “Muro de las Argollas” tuvo como objetivo proteger las naves de los vientos que se conocen como “nortes”. Cada argolla, donde se amarraban las embarcaciones tenía un peso de hasta 35 kilogramos de bronce puro. De las 36 que hubo en el muro sólo queda una original.

1 Comentarios